Mompox, el pueblo de las filigranas perdido en medio de la nada…

He tenido la oportunidad de pasar un par de días en Mompox, (fundada en 1537) es un pueblo perdido a seis horas de bus de Cartagena, que me recuerda a Macondo, el pueblo en torno al cual gira el libro de Gabriel García Márquez, «Cien años de soledad», que me está acompañando en esta travesía. Es un pueblo tradicional, anclado en el pasado, que se enorgullece de ser la cuna de las «filigranas», artesanía joyera muy bonita en oro o en plata a la que se dedica gran parte de su población.

 Iglesia de Santa Bárbara, en Mompox

 Plaza Bolívar en Mompox
 Portales de la Marquesa, Mompox

Además en un pueblo que ha crecido en torno al río Magdalena, (principal ruta fluvial de Colombia) y es súper interesante hacer un recorrido en canoa por el río para poder avistar las aves de la zona (cormoranes, águilas, garzas, martín pescador), además de monos, babillas, (pequeños caimanes), serpientes, nutrias, iguanas, etc.

 Atardecer en el río Magdalena

 Tomando limonada con Laura, de Bogotá 
y Juan, en Mompox
RECOMENDACION
* ALOJAMIENTO: El Viajero Hostel, Mompox. 

Cartegena de Indias (II): la ciudad intensa que enamora…

Tengo que reconocer que ya estoy reconciliada con Cartagena… y es que
es imposible no sucumbir a sus encantos. El enfado con la ciudad me ha
durado sólo un día, no he podido aguantar más… Y es que todo viaje y
aventura puede conllevar también sus momentos grises, como el hecho de
que me robasen dinero y clonasen (y usasen) mi tarjeta de crédito.
Enfin, cosas que ocurren. En este país, incluso, en el propio lugar
donde estaba hospedada (Chill House Hostel) y de la propia «caja de seguridad», yo
añadiría que por parte, además, de los propios empleados… No obstante
, me niego a que esto empañe lo más mínimo esta experiencia en este
increíble país que está siendo fantástica para mí. 

 Puerta del Reloj

 Plaza Santo Domingo

 Calle del centro histórico de Cartagena

Balcón en el centro histórico de Cartagena

Me quedo con la gran
cantidad de personas que se han ofrecido a ayudarme cuando han conocido
la situación, (algunos de ellos los conozco de hace tan sólo una
semana), con los colombianos que me han pedido «disculpas», (no era
necesario, por supuesto, esto te puede pasar en muchas ciudades…) y,
sobre todo, me quedo con la vivencia, de todo se aprende y, quizás en
este caso, a ser un poquito más fuerte y sobrellevar los imprevistos… 

 

 Catedral de Cartagena

 Librería Abaco, en el centro de Cartagena
 Catedral de Cartagena
Plaza en el centro histórico de Cartagena

Todo forma parte del viaje y, como dice mi amiga Bea, igual que la vida
misma, el viaje tiene sus luces y sombras… O como dice Nacho, lo importante es la salud…eso no me falta, gracias a Dios!
 

 Portal de los dulces en Cartagena
 Fachada de edificio colonial en Cartagena

 Plaza Simón Bolívar

 Cenando con Evelyn, una amiga de Canadá 
Comiendo arepas con mi amigo Orlando, de Bogotá
RECOMENDACIONES:
ALOJAMIENTO: 
* Genovés Hostel, calle Cochera de Hobo n° 35, (cerca de la plaza Fernández de Madrid).
RESTAURANTES:
* La Mulata, calle Quero 9-58, San Diego
* Espíritu Santo, calle Porvenir, n° 35 

Cartagena de Indias (I), la bella ciudad colonial que seduce con sus coloridas callejuelas…

Estos días he estado recorriendo Colombia hacia el norte, pasando por Medellín, ciudad de Botero, que me ha encantado, y ahora estoy en Cartegena de Indias. Cuanto más conozco Colombia más me gusta, la verdad.

En el pueblito paisa, Cerro 
de Nutibara, (Medellin)

A lo largo del camino voy conociendo otros viajeros curiosos y con ganas de descubrir Colombia y compartiendo momentos interesantes y enriquecedores con ellos. En estos días he conocido gente de Inglaterra, Alemania, Canadá, Perú, Ecuador, Israel y Francia. Me encanta comprobar que a pesar de que parece que podemos ser muy diferentes a priori acabamos viendo que nos preocupan las mismas cosas y tenemos, al fin y al cabo, inquietudes muy parecidas.

 Museo Antioquia

En Medellín es muy recomendable ir a la plaza de las esculturas y al Museo de Antioquia, (tienen muchas obras de Botero  es un museo muy interactivo y divertido).
Cartagena es una ciudad ideal para pasear y para perderte por sus calles… eso sí, como dicen aquí, «sin dar papayá», (vamos, que sin fiarse de todo…), pero es una ciudad muy tranquila y segura y amable con el visitante.

Cartagena

Hoy he visitado además la Isla Sol, dentro del archipiélago de las Islas Rosario, que son un paraíso de aguas tranquilas y cálidas del Caribe, y he disfrutado un montón practicando buceo con tubo, merecen la pena.

 Isla Sol
Muelle en Cartagena

Mañana seguiré descubriendo Cartagena…

El eje cafetero: el orgullo de hacer el mejor café del mundo

«¿Le provoca un tintico?», o, lo que es lo mismo: «¿Te apetece un café?» es la forma que tienen en Colombia de invitarte a socializar, a relajarte, a charlar y compartir una buena conversación.. Los colombianos son excelentes anfitriones y grandes conversadores y a mí, que me gusta un poquito hablar, esto me hace sentir como en casa…
 Valle del Cocora
Estos días estoy recorriendo el eje cafetero: Pereira – Armenia – Montenegro – Salento – Valle del Cócora y me encanta descubrir el orgullo de este pueblo con su producto más reconocido a nivel  internacional: el café.
 Salento
Plaza de Salento
He visitado en Salento una finca cafetera, El Ocaso, donde nos han explicado el proceso de producción del café, que puede tardar hasta tres años, desde que se planta la semilla, crece la planta, se recoge la cosecha, se seca, se tuesta, muele y distribuye…un proceso laborioso que permite diferenciar enseguida un buen café,(que no necesita leche ni azúcar, porque el buen café de esta tierra ya es dulce de forma natural).
Respecto a la comida no me podía ir de esta zona sin probar la «bandeja paisa», un plato con mucha energía que comían los caficultores para tener fuerzas suficientes para sus tareas en el campo. Lleva huevo frito, arroz, frijoles, aguacate, chicharrón, chorizo, plátano frito… riquísimo. También he probado la trucha al ajillo,otro plato muy típico de esta zona, exquisito.
Bandeja paisa
Recomendaciones:
ALOJAMIENTO:
* Kolibrí Hostel, Pereira
* Hostal Ciudad de Segorbe,Salento

Caño Cristales, cuando el arco iris se hace río…

Todavía estoy impactada por la belleza que he podido contemplar estos últimos días… Caño Cristales fue uno de los motivos principales que me llevaron a elegir este año Colombia como destino y puedo aseguraros que ha superado con creces todas mis expectativas… Es uno de los lugares más bonitos que he visto en mi vida, pero como me va a resultar difícil explicarlo con palabras os envío algunas fotos…

Llegar a la zona de La Macarena no es tarea fácil, hay que solicitarlo por medio de una agencia local, está muy controlado tanto por el gobierno local, que exige impulsar el ecoturismo, con restricciones de número de personas, por ejemplo, como porque durante muchos años ha estado cerrado al turismo por ser territorio de la guerrilla.

Es una combinación de ecosistemas, (Amazonía, Orinoquía y Andino), hace unos años se abrió al público, aunque sigue siendo una zona, Villavicencio y área de Meta, un tanto delicada, (está semana ha habido reuniones de negociación entre las FARC, el Gobierno y observadores de la ONU). Ahora se está fomentando el turismo y os puedo asegurar que merece muchísimo la pena, las personas que viven en la zona son encantadoras y se vuelcan con el visitante…

Ha sido una experiencia única, en muchos momentos me he emocionado contemplando estas maravillas que ofrece la naturaleza y que te hacen «estar en conexión».
He conocido además gente fantástica, de otras partes de Colombia, con los que compartido conversaciones, risas y buenos momentos y que volveré a encontrar estos próximos días en mi viaje…

Me han hecho reflexionar mucho sobre lo que inquieta al pueblo colombiano actualmente, hemos compartido experiencias y me han ayudado a comprender mejor su cultura y sus tradiciones… Esto es lo mejor del viaje que me llevo en mi mochila… 😉

Bogotá, la ciudad colonial que no descansa…

Hoy he dedicado todo el día a recorrer el centro de Bogotá y ya puedo decir que me ha enamorado.. Ayer pensaba que era una ciudad demasiado bulliciosa, con mucho ruido, bastante caótica, con aceras llenas de agujeros que parecen una gynkana que sortear.. Pero hoy he descubierto una parte de la ciudad que me ha encantado, La Candelaria, donde empezó Bogotá, hace muchos años.. Me he maravillado con la Plaza de Simón Bolívar, imponente y su majestuosa catedral.

Catedral en Plaza Simón Bolívar
He paseado además por las callejuelas de la zona colonial de la Candelaria, una zona bohemia donde se respira arte, una mezcla de ambiente cosmopolita y retro a la vez…
 Calle Embudo

 Calle Embudo

Barrio de La Candelaria
He presenciado algunas excentricidades curiosas, como tiendas móviles 😉
Curiosidades 
Hoy además he tenido la oportunidad de ir al Museo de Oro, a la Casa de La Moneda.. Aunque lo que me ha fascinado hoy ha sido la visita al Museo de Botero.. he disfrutado muchísimo allí.. Me encanta este artista, ha sido muy divertido.. Sobre todo me quedo con los cuadros de sus versiones de la Menina y de la Gioconda.. Fabulosos!! Que los disfrutéis…

 Adán y Eva

Ah! Hoy he probado algo típicamente bogotano: el «chocolate completo», (chocolate con bollo, con panecillo con mantequilla y queso… simplemente delicioso). Muy recomendable tomarlo en «La Puerta Falsa», calle 11, al lado de la plaza Simón Bolívar, (una de las cafeterías más famosas de Bogotá, del s.XIX).

Colombia, el encanto de Sudamérica

Por fin, ya estoy en Colombia. Tenía muchas ganas de conocer este fantástico país, de tanto oír hablar a buenos amigos de que es un país que enamora, sobre todo por su gente, cálida y amable. Su encanto colonial, su costa caribeña, sus picos andinos, los cafetales, la selva amazónica, sus paisajes variopintos y sus ciudades bulliciosas hacen de Colombia un destino digno de conocer para los amantes de los viajes… Así que aquí estoy, después de un periplo de 9 horas hasta llegar a Dallas, donde hice escala y otras 6 hasta Bogotá. Con una mezcla de nervios, ilusión y curiosidad estoy familiarizándome con la ciudad. El primer día siempre me lleva un poco más de tiempo. En esta ocasión al cansancio del viaje se le suma la altitud, (Bogotá es la tercera ciudad más elevada del mundo), por lo que hoy me lo he tomado con calma, intentando sobrellevar con dignidad el mal de altura. 
Jardin Botánico de Bogotá

Además hoy he buscado un alojamiento diferente al que tenía planeado: ayer llegué de madrugada a la ciudad y el taxista, preocupado, me recomendó fervientemente cambiar de hotel cuando le di la dirección.. Según sus palabras, «el tenía madre y hermanas y ese hotel y esa zona no eran para alguien como yo». Creo que en el camino hay que ser flexible, adaptarse a los cambios y, por supuesto, escuchar las «señales», así que agradecí al señor su consejo, fui a otro hotelito, (aún perdiendo la reserva) y hoy ya he encontrado otro alojamiento mejor y muy económico. Hoy, además, he entendido a qué se refería el señor taxista, y le agradezco su recomendación 😉

Esto es una de las cosas que me gustan y he aprendido de viajar sola, la dependencia de los otros y que abres tu mente y tu forma de relacionarte con los demás y que siempre hay buena gente en el camino dispuesta a ayudarte..

Hoy he conocido también el Jardín Botánico, muy recomendable y con mucha variedad de especies, muy cuidado y he probado el ajiaco, plato típico colombiano.

Ajiaco, plato tipico colombiano, a base de
 pollo, patatas, maiz, verdura, guisantes

Reflexiones finales de una viajera…

Creo que después de 25 aviones, 9 países y más de 60.000 kilómetros
recorridos puedo decir satisfecha que he logrado cumplir mi sueño de dar
la vuelta al mundo. Cuando mis amigos me preguntaban, antes de
emprenderlo, el «para qué» de mi viaje yo tenía muy claro, desde hace
mucho tiempo, mi propósito: conocer, descubrir, compartir y, sobre todo,
aprender, viviendo experiencias diferentes de las que estoy
acostumbrada.

Con mi mochila, en Bangkok

Me
traigo a casa la mochila llena de lugares maravillosos,
paisajes increíbles y ciudades súper interesantes. También me traigo en
mi equipaje más conocimiento de mí misma, de cosas que quiero mejorar y
de otros aspectos que he descubierto, que no conocía y que intentaré
potenciar. Pero, sobre todo, me traigo en la mochila el conocer un
poquito más de este mundo y de diferentes culturas a través de los ojos
de muchos amigos que he tenido la gran suerte de
encontrar en mi camino. He disfrutado intensamente de todas y cada una
de las conversaciones y de los momentos compartidos con tantos viajeros y
amigos.
He vivido, también intensamente, muchas emociones: he reído, (mucho), he sentido pena o tristeza, (algunas veces), me he sentido perdida o frustrada, (en bastantes ocasiones), me he maravillado, (cada d
ía y con cada descubrimiento), y, sobre
todo, me he sentido agradecida por esta oportunidad que la vida me ha
regalado.
 Jardín de orquídeas, Chiang Mai
Espero que después de esto no se me olvide nunca la gran suerte que
tengo de haber nacido en el país que he nacido, donde, a pesar de «la
que está cayendo», tengo un techo bajo en que refugiarme si hace frío o
si llueve, (y no un conjunto de hojas de banano o chapas que
probablemente se caerán en algún momento de la estación de lluvias),
varios platos diferentes de comida diarios, (y no un plato de arroz o
frijoles para pasar el día), la tranquilidad de pasear por el campo,
sabiendo que no va a explotar una mina a mis pies, o de saber que, si lo
necesito, puedo recibir ayuda en un hospital sin que mi familia tenga
que endeudarse durante años. 

 Mujer trabajando, Long Neck Ladies
Hilltribe, Chiang Mai

También un lugar donde tengo el privilegio
de poder vestirme de colores, llevar el pelo suelto, decir lo que
pienso, trabajar y decidir con quién casarme, si realmente quiero
hacerlo. O simplemente de poder conseguir un pasaporte que me permita
viajar y salir de
mi país, si quiero. 

Que no se me olvide nunca que tengo un millón de
razones por las que estar agradecida, he visto muchas situaciones y
personas que me han dado esa lección de gratitud teniendo la décima
parte de «suerte» que yo en ese reparto de cartas que nos hacen al
empezar la partida de la vida.

 Disfrutando del momento, 
Halong Bay, Vietnam

Estoy profundamente agradecida a todos los amigos que he conocido en el
viaje, os envío un GRACIAS enorme por haberme enseñado tantas cosas sobre
vuestra cultura, vuestro país, y haber compartido conmigo inquietudes y
emociones. Os llevo para siempre en mi corazón y ojalá nuestros caminos
vuelvan a cruzarse en el futuro.

También me gustaría daros las GRACIAS a todos los amigos que, en la
distancia, me habéis acompañado, con vuestro cariño y apoyo y vuestros
mensajes.
 GRACIAS!!!
Cuando pensé en escribir un blog de mi viaje mi ilusión era
poder inspirar o ayudar un poquito a alguien que estuviera atravesando una
situación que a priori pueda parecer «difícil» y quizás inspirar y
transmitir con un modesto ejemplo, c
ómo siempre podemos elegir nuestra
actitud y ver cada situación como una oportunidad, tomando impulso para
realizar nuestros sueños después de reflexionar y decidir cuáles son.
Jamás pensé que el blog pudiera tener la difusión y respuesta que ha
tenido, estoy realmente sorprendida. Gracias por venir conmigo a través
del blog en esta maravillosa experiencia, me siento muy feliz de haber podido
alegraros o ayudaros en alguna medida, como me habéis transmitido en algún
mensaje personal que
me ha emocionado.

Para lo que necesit
éis podéis contactar conmigo en este e-mail:nbermudezmayoral@yahoo.es.
Estaré encantada de hablar con vosotros y poder compartir momentos y experiencias en este
apasionante viaje de la vida…
 HASTA SIEMPRE…

Fin de mi novena y última etapa (Tailandia)

En este destino he tenido la suerte de encontrarme con algunos ángeles,
que me han ayudado en alguna situación un poco más complicada, y que me
han hecho afianzarme en la idea de que lo más importante es creer siempre
que todo ir
á bien, confiar en la vida. De nuevo, las personas y las
relaciones que he podido entablar en mi camino es lo más bonito que,
afortunadamente, me llevaré de vuelta a casa en mi mochila…

Con New, en Bangkok
En Bangkok, con Ami y
 Saori, (Japón)
Con Mady, (Pakistán), en Bangkok

En Bangkok, con Alvaro y 
Yasmina, (Madrid)

 Con Nadine (Inglaterra), en Chiang Rai

Con una estudiante tailandesa en el 
templo del Buda esmeralda, Bangkok

Chiang Rai, en la frontera natural tailandesa del río Mekong…

Una de las paradas interesantes en el camino de Chiang Mai
a Chiang Rai es el Templo Blanco, es espectacular ver los destellos de colores
que producen sus cristales y pequeños azulejos a la luz del sol…
El camino de entrada al Templo es una alegoría de las almas que están en el infierno y quieren escapar. El templo representa el nirvana.
 Templo Blanco
 Entrada al Templo Blanco
Chiang Rai es la población que limita en
el norte de Tailandia con otros dos países, Myamair, (antigua Birmania) y Laos.
Desde ahí se puede observar el Triángulo de Oro, un pequeño islote triangular
donde se comerciaba unas tres o cuatro veces al año, durante la estación seca,
(durante la estación de lluvias ese islote desaparecía por la crecida del río
Mekong), y la moneda de cambio era el oro, de ahí que se le conozca como el
Golden Triangle. 


 Golden Triangle, (Myamair,
 Laos, Tailandia)
En esta zona Tailandia hay también, por tanto, una gran mezcla
de diferentes etnias.
Conociendo las costumbres de
 la tribu de Akha